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ROBERTO RAMÍREZ BRAVO   /

 

El miércoles pasado, a través de cuentas de WhatsApp empezó a circular entre un grupo reducido de activistas la imagen del cartel de una propaganda política: Zeferino Torreblanca por Morena.

Se trataba de un mensaje claro, largamente trabajado por el ex gobernador: competir por quinta vez en busca de la presidencia municipal de Acapulco, ahora por el partido de Andrés Manuel López Obrador, después de que cuatro intentos previos por el PRD y el PAN.

En el equipo cercano del ex gobernador –donde se encuentran personajes como Abelina López Rodríguez y Ramiro Solorio Almazán, entre otros- se manejaba como un hecho que al día siguiente, el jueves, López Obrador haría el anuncio de que hubo una encuesta y esta lo favoreció a él. Era una información fácil de creerse, en el contexto de la embestida que había en Morena para deshacer el acuerdo del Consejo de que fuera una mujer quien encabezara la coordinación en Acapulco.

Por eso Javier Solorio sintió que él sería elegido; y los zeferinistas, que lo sería el contador. Pero no lo fue ninguno: al otro día López Obrador regañó a quienes afirman que en Acapulco no hay ninguna mujer capaz y fue muy contundente al señalar que no habría marcha atrás y sería mujer, punto, “y al que no le guste, que se vaya”. Al finalizar su gira, el domingo, en Taxco, López Obrador se hizo acompañar por la única mujer que se mantiene como propuesta para la coordinación en Acapulco, la magistrada Adela Román Ocampo. No solo la tuvo a su lado en el templete, sino la abrazó, la acercó al micrófono y se tomó la foto con ella. La apapachó, pues.

La campaña que iba a empezar al circular al mismo tiempo en que López Obrador recorría Guerrero, con Zeferino Torreblanca al frente, se frenó. Pero el apapacho lopezobradorista para Adela Román en Taxco, dolió en el zeferinismo, como cuando Ángel Aguirre Rivero se le atravesó y le quitó de las manos la posibilidad de imponer a su favorito Armando Ríos Píter como candidato a sucederlo en la gubernatura.

Según el propio ex gobernador lo cuenta, en esos días se reunió con López Obrador y con el coordinador de organización estatal, Félix Salgado Macedonio -según algunas fuentes, en Elcano, después de regresar de Coyuca de Benítez-, y hablaron. En realidad, no lo dice, pero era la primera vez que hablaban desde que eran gobernador y candidato presidencial, cuando Torreblanca se negó a externar una palabra de apoyo en su favor, en 2006. Una ocasión, ya en este año, Torreblanca gestionó una cita con el líder de Morena a través de César Yáñez, en la Ciudad de México, pero pasaron cuatro horas sin que fuera recibido y se retiró molesto. El contacto había sido César Núñez Ramos, y lo que el contador buscaba en ese entonces era la coordinación general, es decir, el Senado. César Yáñez le pidió a César Núñez ya no volverlo a llevar ante López Obrador, pero en Guerrero, Zeferino buscó otro contacto y esta vez sí platicó con el tabasqueño. No se sabe de lo que hablaron, pero él en conferencia de prensa, retó al líder de Morena y a Félix Salgado a decir lo que le dijeron en ese encuentro.

El enojo de Zeferino no es solo que no haya podido primero ganar la senaduría, ni que después tampoco haya podido desplazar a la mujer propuesta para Acapulco, sino que esta sea precisamente Adela Román, quien fuera en su momento una fuerte crítica de su gobierno, a quien había tenido como síndica en el ayuntamiento de Acapulco y a quien nunca pudo someter. Cuando asumió la gubernatura, Adela Román, para esas fechas diputada local, fue la primera en cuestionarlo por haber nombrado a un militar, Heriberto Salinas Altés, al frente de la secretaría de Seguridad Pública.

Torreblanca Galindo quiso repetir en Morena la historia que vivió en el PRD, donde de la mano con ese partido ganó lo que quiso, pero hasta ahora no ha podido. Todavía le queda una última esperanza: dicen que ahora quiere una diputación federal, aunque en Acapulco las dos son para mujeres; o una local, de perdida. También podría ser regidor.

El poder se extraña, sin duda. No importa que después de haberlo tenido todo, se consiga algo pequeñito.

 

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